El derecho entre el orden y el desorden

Texto: AGAMBEN, Giorgio. Estado de Excepción. Homo Sacer II, 1. Valencia: Pre-textos. 2004. Capítulos IV – VI.

Reseña de Diana Marcela Aldana Romero

El texto reseñado a continuación corresponde a la segunda parte del libro “Estado de Excepción” de Giorgio Agamben, la cual se encuentra subdivida en tres capítulos (IV-VI). El primero de estos hace referencia al debate existente entre Walter Benjamín y Carl Schmitt respecto a la concepción del estado de excepción. El segundo plantea una analogía entre el estado de excepción o anomia[1] y el luto familiar, aduciendo entonces que este estado hace referencia al tumulto y al desorden que crea la muerte del soberano (soberano como ley viviente); posteriormente hace referencia a las fiestas anómicas realizadas por culturas antiguas donde lo ilegal y lo legal no estaban diferenciados, donde se perdía la idea de la obediencia al soberano y cada quien hacia lo que a bien tuviera, como en el anarquismo. Finalmente, en el último capítulo el autor quiere descubrir si el poder de suspender el derecho hace referencia a una prerrogativa auctoritas o potestas, aduciendo que es la auctoritas la fuerza que suspende la potestas, es decir, se trata de “un poder que suspende o reactiva el derecho, pero que no está vigente formalmente como el derecho” [2].

En el capítulo IV se presenta el debate entre Benjamín y Schmitt. Ambos autores coinciden en la necesidad de la creación de un estado de excepción, pero divergen claramente en la forma de nacimiento que le dan a éste y en su utilidad. Benjamín aduce que no es posible que sea el soberano mismo quien suspenda el derecho pues no se debe olvidar que el soberano hace parte del derecho y que al regular la excepción la está convirtiendo en regla y esto hace del estado de excepción un acontecimiento trágico; propone entonces una violencia que vaya más allá del derecho y la denomina violencia pura[3] que se personifica en las revoluciones. Respecto a la utilidad del estado de excepción, argumenta que esta violencia que esta más allá del Derecho debe tener como finalidad no suspender el derecho (como lo planteara Schmitt) sino suprimirlo, pues se debe regresar a la forma primigenia del derecho, es decir como una puerta hacia la justicia y eliminar todos los usos que se le ha dado a éste.

Schmitt, por su parte, aduce en primer lugar que no existe la posibilidad de una violencia pura, ya que la violencia sólo puede ser violencia soberana y ésta es la única que puede suspender el derecho, ya que determinar la necesidad de las causales que llevan al estado de excepción sólo pueden ser calificadas por el soberano y por tanto este es el único que puede decidir la suspensión o no del derecho.

Es ficticio un estado de derecho que se regule mediante leyes, pues esto desconoce la naturaleza misma del soberano y del estado de excepción, por cuanto las normas deben estar por debajo de las decisiones del soberano: el soberano está por encima de todo, incluso del Estado, por tanto este es el único que debe cumplir la finalidad del estado de excepción, la cual consiste en suspender el derecho para reconfigurarlo y reorganizarlo ante una circunstancia que así lo amerite.

Una vez analizado el concepto del estado de excepción su origen y su naturaleza a partir de la perspectiva planteada por Benjamin y Schmitt, se adhiere el autor al concepto de Schmitt respecto a que es el soberano quien determina si se debe suspender o no el derecho. El capítulo VI de la obra que se comenta nos indica entonces cuál es el fundamento del soberano para gozar de esta facultad.

Para indicar este fundamento el autor plantea la dicotomía entre la auctoritas y la potestas (autoridad y potestad), indicando que el poder del soberano tiene una naturaleza de auctoritas. Para hacer más clara esta apreciación, plantea en primer lugar el problema en torno al adecuado entendimiento de la auctoritas pues tanto los académicos como los mismos estados han confundido este término con el de autoritarismo, donde quien tiene el poder es el soberano y tiene los tres poderes estatales.

La noción de auctoritas nace del derecho romano y fue plenamente utilizado tanto por el derecho privado como por el derecho público de esta época. En el derecho privado este concepto hace referencia a la facultad que tenía el pater familiae de ratificar los actos de los incapaces a su mando, y en el derecho público es utilizado para llamar distintas funciones, como la ratificación de las decisiones de los comicios populares o la declaración del Iustituim (actual estado de excepción), labores llevadas a cabo por el Senado. Posteriormente, el concepto de auctoritas principis, en cabeza de Augusto, se entenderá más en el sentido de facultad soberana, pues es el emperador quien garantiza y legitima toda la vida política romana. Este poder no es conferido, es parte de su naturaleza, está ligado a si mismo por la soberanía que este contiene. 

Analizada la fuente histórica del concepto, es importante establecer cuál es la aplicación que se le debe dar al término en el estudio de los Estados de Excepción que plantea Agamben. Al admitir los académicos que la  auctoritas está en cabeza del pater familiae o del princeps no por autorización de la ley, sino porque es inherente al mismo, están dando la principal explicación a la facultad del soberano de suspender el derecho; esta característica es inherente al soberano[4] pero esta no obedece a un poder coercitivo, sino que surge del consenso entre el soberano y el pueblo gracias poder carismático que contiene el soberano, utilizando términos de Weber. Estamos entonces frente al derecho irracional formal, donde el criterio de validez de las normas es el carisma, el grado de comunión entre el pueblo y el soberano.

Sin embargo, Agamben considera que el carisma no es lo que en realidad le da validez al soberano sino que su poder deriva de la suspensión del orden jurídico, es decir del mismo estado de excepción[5], pero al estar el poder ligado a una persona, el origen del Derecho ya no será la normatividad sino la vida misma, la auctoritas es entonces el poder metajurídico que puede suspender o validar la potestas, es decir, el ordenamiento jurídico en sentido estricto.

El sistema jurídico está bifurcado en dos perspectivas: uno normativo y uno anómico y metajurídico, potestas y auctoritas respectivamente. A diferencia de Benjamin y Schmitt, que ven al estado de excepción[6] como el estado de anomia, Agamben ve en el estado de excepción el dispositivo a emplear para mantener y articular el derecho y la vida, el nomos y la anomia; de no existir la posibilidad de articular estas dos, el derecho (perspectiva normativa del sistema jurídico), por intentar mantener su propio orden, se arruinaría o se rompería.

Lo importante es que tal como lo consideran Benjamin y Schmitt el Estado de Excepción no se convierta en regla, no se puede confundir la auctoritas con la potestas, de ser así convertirían al sistema jurídico político en una máquina letal.   

Como conclusión extraemos que este texto presenta como hipótesis central que el Estado de Excepción es el dispositivo mediante el cual se articula el derecho y el caos, el orden y el desorden, es en suma una forma de suspensión del derecho, mas no de destrucción del mismo. Es por tanto un espacio vacío. Sin embargo, el autor critica fuertemente la manera como se pone en práctica  argumentando que esta “suspensión del derecho” es una ficción, y que en Europa la excepción es la que ha funcionado casi sin interrupción; se ha mezclado la norma con la anomia y esto ha convertido a los sistemas jurídico-políticos en una máquina letal; nos dirigimos por tanto a una guerra civil y la solución no es volver al Estado de Derecho, pues ya los mismos conceptos de Estado y de Derecho están en entredicho, sino suspender este estado excepcional y reconfigurar los sistemas jurídicos y políticos creando entonces un Derecho Puro.




[1] Concepto sociológico formulado por el teórico social francés Émile Durkheim, que hace referencia a la ausencia de normas en el individuo, este concepto es tomado por Agamben para relacionarlo con el Estado de Excepción “vacío de toda determinación y de todo predicado real, para el derecho este espacio vacío es el estado de excepción como dimensión constitutiva” (Pág. 89).

[2] AGAMBEN, Giorgio. Estado de Excepción. Homo Sacer II, 1. Valencia: Pre-Textos. 2004. Pág. 116

[3] Es pura en la medida que no se contamina con otros conceptos, para este caso, no se contamina del Derecho.

[4] El soberano debe entenderse como el poder ejecutivo, de forma precisa el Presidente.

[5] Esta conclusión de Agamben deriva del estudio de las estrategias nazis y fascistas para mantener su validez por medio de los Estados de Excepción. 

[6] Agamben concibe el Estado de excepción como un espacio vacío en el que “Una acción humana sin relación con el derecho tiene frente a si una norma sin relación con la vida”. Pág. 125

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