Violencia, soberanía y derecho

Texto: AGAMBEN, Giorgio. “La lógica de la soberanía”. Homo Sacer: El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pee-textos. 1998. Parte Segunda.

Reseña de Ricardo Antonio Cita Triana

La soberanía ha sido uno de los componentes del relato político de la modernidad a pesar de tener sus raíces en épocas premodernas (1). Ha trascendido hasta constituirse en eje privilegiado de la dinámica jurídico-política. Algunas veces se ha presentado como un concepto sin ninguna complejidad, otras veces se ha resaltado su problemática y su condición paradójica, como en el caso de la primera parte de la obra de Giorgio Agamben, donde se presenta de la siguiente manera: “El soberano está al mismo tiempo fuera y dentro del ordenamiento jurídico”. La anterior aserción la hace el autor introduciendo un tema que es de vital atención: el estado de excepción.

Se reconoce la paradoja entendiendo al soberano como alguien a quien el ordenamiento jurídico reconoce el poder de proclamar el estado de excepción y suspender la validez del ordenamiento mismo, con lo cual, simultáneamente, se sitúa por fuera del derecho. En este sentido es viable afirmar que la ley está fuera de sí misma. Así las cosas, tenemos acá una primera característica de la soberanía, y aún es posible agregar una consecuencia: no se necesita derecho para crear derecho (2).

Con Schmitt se cuestiona también la posibilidad de la validez de una norma jurídica, ya que por medio del estado de excepción se crea y se garantiza la situación que el derecho necesita para su propia vigencia (3). Sin embargo, la excepción no está por fuera del derecho, más bien es una especie de exclusión incluida por el derecho (la norma se aplica a la excepción desaplicándose, retirándose en ella), lo que podemos llamar una relación de excepción. Y esta relación no se establece definiendo lo que está dentro o fuera sino más bien fijando un umbral entre el interior y el exterior, haciendo posible la validez del ordenamiento.

Esto lo podemos ver reflejado en el caso colombiano en la legislación penal sobretodo la de los años ochenta y noventa donde la excepcionalidad se ha presentado como un instrumento para lograr la “eficacia” en las medidas adoptadas por los gobiernos de turno, a través de la excepcionalidad que se declaró en múltiples ocasiones en los gobiernos de Gaviria y de Samper (4), lo cual permitió crear varios tipos penales, obviando la fuente jurídica (legislativa), pero a través de una disposición del mismo derecho que consentía su suspensión.

Otro punto que se resalta es la idea de que la excepcionalidad ocupa cada vez más el primer plano como estructura política fundamental y tiende a convertirse en la regla. Un ejemplo claro de esto en la actualidad es la situación que viven los que han caído en manos del gobierno de los Estados Unidos y han sido llevados al campo de concentración de Guantánamo, donde la constelación que lo preside es la ley marcial (5).

Así pues, vemos que a partir de la relación de excepción, la situación de excepción queda en un estado de excrecencia donde se expresa la imposibilidad de un sistema de hacer coincidir la inclusión con la pertenencia, de reducir la unidad a sus partes (6). Lo anterior, teniendo en cuenta la teoría de los conjuntos  que es traída al campo de la política por Alain Badiou, donde se expresa que un término está incluido en una situación si está representado en la metaestructura (El Estado) en la que la estructura de la situación se cuenta como uno; se dice, además, que un término pertenece a una situación si es presentado y contado como uno en esa situación, como los individuos que pertenecen a una sociedad. Con la combinación de la inclusión (representación) y pertenencia (presentación), Badiou establece tres definiciones:

Normal: Término que al mismo tiempo es presentado y representado, pertenece y está incluido.

Excrecencia: Término que está representado pero no presentado, está incluido en una situación sin pertenecer a ella.

Singular: Término que es presentado pero no representado, que pertenece sin estar incluido.

De esta manera, la excepción es lo que no puede ser incluido en el todo al que pertenece y que no puede pertenecer al conjunto en el que está ya siempre incluida (7).

Por otra parte, tenemos otro concepto que es bastante importante. El Bando, que es la potencia de la ley de mantenerse en la propia privación, de aplicarse desaplicándose. Es una forma de relación, que no que está por fuera de la ley, sino que queda prendida en el umbral donde interior y exterior se confunden: el abandono. Así, introduciendo la vida al debate, se puede llegar a la conclusión que “no hay un afuera de la ley. La relación originaria de la ley con la vida no es la aplicación, sino el abandono. La potencia insuperable del nomos, su originaria “fuerza de ley”, es que mantiene a la vida en su bando abandonándola” (8).

En el segundo y tercer capítulo de la primera parte, al autor entra de lleno en el tema de la soberanía, afirmando que la vinculación ley (derecho)-soberanía no elimina la paradoja que se presenta, sino que más bien la potencia. El soberano se presenta como el punto de indistinción entre la violencia y el derecho. Llegamos entonces a Hobbes, donde el estado de naturaleza justifica el poder de soberanía, además de identificarse con la violencia. El estado de naturaleza sobrevive en la persona del soberano incorporándose en la sociedad y generando la indistinción entre la violencia y la ley, conteniendo la autopresuposición del derecho. Este estado de naturaleza hay que tomárselo no como algo que haya existido, sino como una ventaja metodológica, como el constructo adecuado para hacer funcionar el individuo extrasocial (9).

Así las cosas, la exterioridad es el núcleo de sistema político, la norma vive de la excepción y todo aquello que creíamos por fuera del derecho, como el estado de naturaleza, reaparece en el interior mismo, forjando al poder soberano como la imposibilidad de discernimiento entre lo interior y lo exterior, entre el derecho y el estado de naturaleza.

Otro tema que se resalta es el de las relaciones entre poder constituyente, poder constituido y poder soberano, sobretodo porque se presenta un aporte distinto del que se había hecho hasta el momento como es el caso de Toni Negri. Así pues, no se trata tanto de resolver aquí el problema de concebir un poder constituyente que no se agote nunca en el poder constituido, sino más bien de distinguir el poder constituyente del poder soberano.

Agamben reconstruye entonces tres posiciones relativas al poder constituyente. La primera es la que podemos encontrar en la obra de Negri, donde se dibuja al poder constituyente como algo incontenible e irreductible por el derecho; debido a su potencia rebelde, resiste la constitucionalización, al igual que como democracia, también se resiste al mismo proceso. El poder constituyente, desde esta perspectiva no es reconducible al principio de soberanía. (10). La segunda es la que reduce el poder constituyente al poder de revisión previsto en la constitución y deja de lado el poder del que ha nacido la misma constitución. Y la tercera posición la encontramos en la obra de Walter Benjamin, quien presenta la relación que existe entre el poder constituyente y el poder constituido como la que hay entre la violencia que establece el derecho y la que lo conserva. Desde esta última posición, se empieza a cuestionar ya la diferenciación entre poder constituyente y el constituido: “Porque si el poder constituyente, como violencia que establece el derecho, es ciertamente más noble que la violencia que lo conserva, no posee, sin embargo, en sí mismo título alguno que pueda legitimar su alteridad y mantiene, pues, con el poder constituido una relación tan ambigua como insustituible” (11).

Es desde ahí, a mí parecer, donde Agamben perfila su posición para demostrar que del análisis de Negri no es posible encontrar un criterio distintivo entre poder soberano y poder constituyente. Sobretodo hace énfasis en un argumento que esgrime Negri donde se condensa la falta de una explicación sostenible de la alteridad del poder constituyente respecto del poder soberano: “Es el acto de la elección, de la determinación puntual que abre un horizonte (…). Cuando el poder constituyente pone en funcionamiento el proceso constituyente, toda determinación es libre y permanece libre. La soberanía por el contrario, se presenta como fijación del poder constituyente, luego como término de él, como agotamiento de la libertad que es portador” (12).  

Cabe finalmente mencionar aquí la visión que se tiene de la violencia conservadora y creadora del derecho, donde la violencia conservadora en últimas debilita la violencia creadora que está representada en ella hasta que las fuerzas creadoras instituyen un nuevo orden y vuelve a empezar… para romper este círculo mágico, se propone la violencia divina (13), como la llama Benjamin, que expresa la conexión que existe entre las dos violencias.

Así pues, la implicación de entender la estructura del poder soberano es de relevante importancia, porque ya se cuenta con el presupuesto básico a la hora de estudiar el modelo biopolítico del poder, que es uno de los objetivos que se trazan en la obra de Giorgio Agamben.

NOTAS

(1). Para más información al respecto, ver Capella, J. R. “La construcción
jurídico-política de la modernidad”.
La Fruta Prohibida. Páginas 111 y ss.

(2). Agamben, Giorgio. Homo Sacer, El poder soberano sobre la nuda vida. Valencia: Pre-Textos. 2003. página 28 y 29.

(3). Situación,  entendida como la  suspensión de la norma, de su validez,  que permite definir el caso normal en el ámbito de la validez, es decir, de lo que es derecho. Situación que no es ni de hecho ni de derecho, porque se crea por la suspensión de la norma (es su consecuencia) y también se demuestra que no se necesita del derecho para crearlo.

(4). Martínez, Mauricio. La crisis de la justicia penal en Colombia: Promesas constitucionales incumplidas. Bogotá: Temis. 1999, pág. 16.

(5). Agamben, ob.cit. Pág. 33.

(6). Ibíd. Págs.  38 y 39.

(7). Ibíd. pág. 39.

(8). Ibíd. pág. 40.

(9). Capella, ob.cit. pág. 108.

(10). Negri, Toni. El Poder Constituyente, ensayo sobre las alternativas de la modernidad. Libertarias. Páginas 17 y 18.

(11). Agamben, ob. cit. Pág. 58.

(12). Agamben, ob. cit. Pág.61. Véase también, Negri, ob. cit. Pág. 42.

(13). Agamben, ob. cit. Pág. 84.

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