Vidas indignas de ser vividas

Texto: AGAMBEN, Giorgio. “El campo de concentración como paradigma biopolítico de lo moderno”. Homo Sacer: El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pee-textos. 1998.

Reseña de Andrea Silva

Para la lectura del presente escrito se hace necesario tener en cuenta ciertos términos que no han sido trabajados aún en las clases desde la perspectiva teórico –juridica o filosófico política.

En primer lugar aparece el término Homo Sacer, el cual hace referencia a una figura de la ley romana según la cual existen personas que, literalmente, pueden ser asesinadas por cualquiera sin que tal privación de la vida sea considerada como un homicidio.

En segundo lugar encontramos el término Nuda Vida, para cuya explicación debe recurrirse a dos términos griegos: el primero, zoé, aplicado al simple hecho de vivir; el segundo, bios, utilizado para indicar la forma de vida propia de un individuo o grupo.

En tercer lugar Agamben recurre al análisis del término Biopolítica de Foucault, el cual es en principio la transformación del paradigma clásico de la política. En el seno de este nuevo concepto la nuda vida se convierte en el centro de la política como la creciente implicación de la vida natural del hombre en los mecanismos y cálculos del poder.

En cuarto lugar, y a partir del concepto de biopolítica en Foucault, emerge el término Tanatopolítica considerado como la capacidad del Estado no sólo de regular la vida sino de decidir la muerte a partir de la premisa vida digna de ser vivida.

Ahora bien, inicia Agamben el tercer capitulo de su obra (en el cual trata principalmente los campos de concentración en la concepción nacionalsocialista del Estado), reconstruyendo la teoría de la biopolítica de Foucault y los escritos de H. Arendt acerca del fin de los derechos del hombre. Dentro de los aspectos principales acerca de la conjunción entre los escritos de los dos autores anteriormente mencionados encontramos los siguientes:

Centra su atención inicialmente en los estudios de Hannah Arendt sobre La Estructura de los Grandes Estados Totalitarios, que sin embargo en consideración de Agamben son limitados por la falta de una perspectiva biopolítica, por cuanto su falencia principal es no identificar la transformación radical de la política en espacio de la nueva vida que ha legitimado y hecho necesario el dominio total; lo cual se refleja en los campos de concentración nazis considerados como laboratorios para la experimentación, cuyo objetivo es el dominio total del hombre.

Es allí donde se refleja el entrelazamiento entre vida y política, puesto que a medida que el homo sacer va conquistando espacios, libertades y derechos que generan conflicto con los poderes centrales, es él mismo quien inscribe más y más su vida en el orden estatal, reafirmando cada vez más el poder soberano del cual quería liberarse. En esta medida, las transformaciones fluctúan de democracias a estados totalitarios y viceversa, convirtiendo la política en biopolítica teniendo en cuenta la exigencia de una determinada forma de organización  que resulte la más eficaz para asegurar el cuidado, el control y el disfrute de la nuda vida.

Es de lo descrito anteriormente de donde nace la idea central del escrito que se reseña: develar el paradigma oculto del espacio político de la modernidad según el cual a medida que la nuda vida se convierte en el centro de la política transformándose en biopolítica, poco a poco la misma se restituye en el contexto biopolítico o tanatopolítico como la capacidad del estado no sólo de regular la vida sino de decidir la muerte a partir del concepto de una vida digna de ser vivida.

En el sistema del Estado-nación los derechos inalienables y sagrados del hombre aparecen desprovistos de cualquier tutela y cualquier realidad, desde el mismo momento en el que deja de ser posible configurarlos como derechos de los ciudadanos de un Estado. La nuda vida pasa a ser la categoría fundante de la soberanía y la legitimidad del Estado, en el cual el puro hecho del nacimiento de la nación se presenta como fuente y portadora del derecho, como base del ordenamiento jurídico reflejada en la figura del ciudadano, elemento de la comunidad jurídica que dota de soberanía a la nación (visión claramente hobbesiana). Por lo cual las declaraciones de derechos representan el tránsito de la soberanía real de origen divino a la soberanía nacional; ámbito en el cual los derechos son atribuidos al hombre en la medida en que él en si mismo se desvanece para dar paso al ciudadano.

Dentro de esos derechos se encuentra desde 1679 el de Habeas Corpus, que tenía como finalidad asegurar la comparecencia física de una persona ante un tribunal de justicia, lo cual desde una visión democrática se transforma en la necesidad de que la ley se preocupase de ese cuerpo imponiendo al magistrado la obligación de exhibir el cuerpo del imputado y exponer los motivos de su detención. Adquiriendo el corpus una doble función: ser sujeto al poder soberano y a la vez de las libertades individuales.

Teniendo en cuenta lo anterior nos adentramos ahora a la hilvanación de los argumentos claves para entender la doctrinas del nazismo y el fascismo, para lo cual debemos partir de la esencia de la ideología nacionalsocialista que se encuentra inescindiblemente ligada a los conceptos “suelo y sangre” como categorías constitutivas de la germanidad ligadas entre si y a partir de las cuales debe orientarse la política cultural y estatal alemana.

Los conceptos de suelo y sangre tienen un origen jurídico que desde el derecho romano definen la ciudadanía: el ius solis y el ius sangunis; que en la modernidad tienen trascendental importancia desde la Revolución Francesa, por cuanto son considerados el nuevo estatus de la vida, siendo el origen y fundamento de la soberanía que redefinen las relaciones entre el hombre y el ciudadano.

Un ejemplo de la importancia de estos dos conceptos es el caso de los refugiados, por cuanto son un síntoma de la crisis de la soberanía, rompiendo los esquemas de nacimiento-nacionalidad como función legitimadora del Estado-nación.

En el caso de los alemanes, ligado a los conceptos de suelo y sangre, surge el problema de la desnaturalización y desnacionalización de los propios ciudadanos a favor de la protección de la sangre y el honor. El problema aquí se resuelve, en principio, dividiendo a los ciudadanos en los de pleno derecho y los de segunda categoría. En cuanto a estos últimos, teniendo en cuenta que paulatinamente dejaron de ser sujetos de derecho, su vida se reduce a la de hacer parte de los campos de concentración.

Surgen entonces los campos de concentración como lo excluido de la regla por cuanto su aplicación sólo es posible en los estados de excepción, a partir de la consideración de que existen vidas que no merecen ser vividas y que por lo tanto debe darse la autorización de ser suprimidas. Premisa acuñada por el penalista alemán Karl Binding y el profesor de medicina Alfred Hocke los cuales pretendían explicar el porqué de la inimputabilidad del suicidio, la cual políticamente puede ser interpretada como “expresión de la soberanía del hombre vivo sobre su propia existencia”. Dando origen a lo que Agamben ha denominado la estructura biopolítica de la modernidad –la decisión sobre el valor de la vida como tal-. Siendo a su vez un contraste entre el bien humano más preciado y los cuidados a la existencia que carecen en si mismas de valor absoluto. (Surgiendo de nuevo la categoría del valor – disvalor que siendo muy criticada por Schmitt termina siendo similar a su teoría de la soberanía en la cual la verdadera vida de la regla es la excepción.)

Se enfrentaron los ideolólogos nazis al problema ético de la eutanasia en relación con la cual argumentron que ante la pérdida de valor de la vida entendida como bien jurídico, la misma puede ser suprimida sin cometer homicidio; dando nacimiento a una nueva categoría jurídica: la vida sin valor (que corresponde a la nuda vida del homo sacer).

Con la implementación del programa de eutanasia del Reich, que tenía por objetivo eliminar la vida indigna de ser vivida, lo que está en juego dentro del campo biopolítico es el poder de decisión del soberano sobre la nuda vida como concepto político. En la biopolítica moderna esto se traduce en la decisión soberana sobre una vida suprimible impunemente y a su vez en la asunción del cuidado del cuerpo biológico de la nación (transformación necesaria de biopolítica en tanatopolítica). La anterior vida investida como tal con el principio de soberanía, pasa a ser ahora ella misma el lugar de una decisión soberana, en tanto que la biopolítica nacionalsocialista hace transito entre politk (política) y polizeí (policía) en donde lo primero hace referencia a la lucha contra los enemigos interiores y exteriores del Estado y lo segundo al cuidado y el crecimiento de la vida de los ciudadanos; siendo los dos términos inseparables.

Dentro de los objetivos de la ideología nacionalsocialista se encontraba el cumplimiento de las funciones necesarias para la conservación de un pueblo, en lo cual la política era encaminada para dar forma a la vida del pueblo, lo que solo puede darse en un Estado fundado en la vida misma de la nación que puede reconocer como su propia vocación dominante la formación y el cuidado del cuerpo popular.

Es así como se encuentra la justificación a los campos de concentración: los detenidos son enfermos mentales o condenados a muerte que al ser excluidos de la comunidad política, desligados de su estatus político, abandonados en estado de excepción y carentes de derechos, pueden ser sometidos a todo tipo de experimentación. Se encuentran biológicamente vivos pero situados en una zona gris entre la vida y la muerte: la nuda vida.

Si se entiende a la vida y la muerte como conceptos políticos, la definición sobre la vida y la muerte indica que el ejercicio del poder soberano se mueve en las fronteras biopolíticas situándose en la encrucijada entre las ciencias médicas y biológicas, en las cuales sólo el Estado puede y debe intervenir por medio de la custodia protectora (fundamento jurídico de los campos de concentración) con el único fin de evitar un peligro para la seguridad.

El campo de concentración es el espacio que se abre cuando el Estado de Excepción se desnaturaliza y empieza a convertirse en regla, por cuanto la custodia protectora no tiene necesidad de fundamento jurídico en las instituciones y leyes vigentes porque es un efecto inmediato de la revolución nacionalsocialista, sobre la cual es impredicable la legalidad o ilegalidad ya que es a un mismo tiempo un hibrido entre hecho y derecho (entre facticidad y validez). A lo cual se añade que el concepto nacional socialista de raza es el producto de una decisión política soberana que opera sobre la base de una absoluta indiferencia entre hecho y derecho.

Agamben reconstruye en este punto la conceptualización que hace Carl Scmith de conceptos como obligación de actuar, motivo importante, seguridad y orden público, entre otros. De acuerdo con el “teólogo de la política” estos conceptos no remiten a una norma sino a una situación, quedando relegada la concepción de la ley de acuerdo con la cual ésta es capaz de resolver todos los casos. Se genera así el desplazamiento de la certidumbre y calculabilidad de la norma, dotando al derecho de la máxima indeterminabilidad posible.

Lo anterior trae como consecuencia que el juez no acuda a criterios jurídicos sino que sus decisiones se vinculen por medio de la comunidad de raza y el pueblo alemán con el Fuhrer. De allí que el Fuhrer se convierte en la fuente inmediata y en sí perfecta de la ley. Como concepto biopolítico se convierte en norma y criterio de su aplicación. Se borran por completo las fronteras entre normas y ejecución, producción y aplicación del derecho. El Fuhrer es el soberano y la ley viviente, que representa la unidad e igualdad de estirpe del pueblo alemán; su autoridad no es la de un déspota, su poder es más ilimitado en tanto más se identifica con la propia vida del pueblo alemán. Justamente por esa identidad su palabra es ley y su existencia tiene carácter político. 

Es necesario aclarar que cuando se hacía referencia al “pueblo alemán” en este contexto se quería decir “los hombres que hacen parte del ideario alemán”, de tal manera que no se hacía referencia al pueblo en general.

Finalmente, para Agamben, en la edad moderna la miseria y la exclusión existen como categorías políticas. La obsesión por el desarrollo (como proyecto democrático capitalista) está determinada por el proyecto biopolítico de producir un pueblo sin fracturas. Donde no exista un pueblo que juegue un doble papel en un código binario, cual sería el de  pueblo=excluidos, de un lado y –Pueblo=privilegiados, del otro.

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